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El fracaso




He fracasado. No importa si intento mirar el lado bueno, o el perfil heroico de mi lucha. No interesa si busco consuelo respirando el aire puro del atardecer o si lloro cuando nadie me ve. Será una anécdota si mañana será mejor, y no se trata de contar con una posibilidad que nunca pude tener. Ni de buscar excusas, ni encontrar culpables, ni desear lo indeseable. He perdido y el resultado es tan demoledor y doloroso que no permite cuestionamientos al respecto.

Estoy parado justo adónde no quería estar, atrapado en la situación que siempre deseaba esquivar... tal vez allí estuvo el problema, nunca le terminé de ganar. Casado sin amor, sin trabajo, sin dinero, sin futuro y apenas con un puñado de sueños que se van muriendo de viejos que son. 

Y, si bien tuve pequeños buenos momentos, tan solo fueron partidos aislados en un campeonato demasiado largo. No fue para mí, tenía que ser así, insistir y persistir me llevaron a tomar decisiones equivocadas, el miedo jugó su partida e hizo su negocio con la necesidad en más de una ocasión, mientras los días se me iban en un tren que no paraba en ninguna estación. 

Ya no me siento cómodo, ya no tengo hogar, no me queda ni las fuerzas para en el espejo poderme mirar. ¿Qué le voy a decir a esos ojos llorosos que me van a observar? ¿Qué la vida es una m***** y triunfa el que hace mal? Yo ya no creo mis mentiras sobre una lucha atemporal. Se me fueron la mitad de mis días sin saberlos disfrutar. 

Alguna vez tuve una caricia que me calmó, una palabra de aliento que activó mi ánimo. Quizá hasta conté con algún rasgo de amor propio para tratar de revertir la situación. Pero cada estrategia que intenté falló en su implementación. A veces me venció el mal humor y en otras ocasiones caí en una depresión y desesperación. Probé con diferentes recetas, cambiar la historia para remontar sobre el final, pero cuando el cuento viene de malas a veces ganan de verdad.

No supe cómo, no encontré el porqué, fue el día a día y buscar tal vez un tramo de suerte sin pulir. Me queda la paz de no mezquinar en esfuerzos, pero sigo mascando bronca por no tener la inteligencia de resolver mis entuertos. Ya gasté mis horas, me quedé sin palabras y si algo me gustaría antes se despedirme es que alguien golpee mi espada y me diga: "hiciste un buen trabajo, pero ya está, se acabó, este sueño no era para vos".

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