Microcuentos de un tweet





El equilibrista se atragantó con las reservas de miel; naturalmente, su estrepitoso fallo durante la función nocturna lo condujo de nuevo a las calles. Quiso la casualidad que el oso, hambriento, hubiera salido a cenar.



En la tercera guerra mundial yo estaba escribiendo frente a mi computadora, sin percatarme de que los condenados esperaban en la penumbra. La llamada de mi editorial preguntando por mi último best-seller me despertó súbitamente.



En menos de un segundo, el famoso conejo blanco desapareció dentro del sombrero de terciopelo. Hasta el día de hoy, ni un solo espectador se ha movido de su asiento, esperando a que decida salir de su escondite.



Frente a sus seguidores de YouTube, el mago transformó a la ballena de peluche en una tortuga verde y lenta, que le hiciera compañía durante la solitaria cuarentena dentro de su departamento.



No sabía dónde estaba, lo buscó sin resultados. Se convenció de que volvería cuando tuviera hambre. Grata fue la sorpresa al descubrir al felino durmiendo sobre el teclado. El documento de Word estaba ahora lleno de letras sin sentido. "Mi próximo éxito", comentó para sí.


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