Operación Babilonia II


21 de enero, 2020


Retomo la lectura en la página 21, recién empiezo el primer capítulo. Hoy sigue nublado, la humedad acentúa el calor. Hay algo de brisa que agita los árboles. La calle está desierta. Unos pájaros susurran desde los postes de luz, y un colgante de piedras se mueve muy despacio.


«Eliahu era el único miembro de mi familia que sabía a dónde iba y por qué».


Resulta algo desconcertante el hecho de alternar la lectura y la escritura a ratos disparejos. De todos modos, una acción complementa a la otra del mismo modo en que el cielo gris se junta con la tierra húmeda cubierta de pasto. Y un ave no para de chillar.


El primer capítulo terminó casi sin que me diera cuenta, ahora me enfrento al número dos, titulado "Los amos del desierto". Estoy en la página 26.


«Dentro del movimiento me conocían simplemente por Amo Iusuf, es decir, "Tío José" (...)»


La cantidad de nombres es impresionante, es difícil recordarlos todos junto con su correspondiente papel en la historia que, por cierto, es completamente real. A pesar de la corta explicación sobre sus vidas, el rol que cada uno cumplió fue de vital importancia para el desarrollo de los acontecimientos.


«—Avraham ha resulto que si algo sale mal, a él no lo capturarán con vida (…)»


Descanso momentáneamente, dejando marcado el libro con una hoja rayada, escrita por ambos lados, arrancada de una libreta pequeña.


Apenas pasa de las cinco de la tarde, pero la oscuridad avanza sin tregua. Por momentos se hace más fácil escribir que leer, otras veces es al revés. Ahora creo que es mejor dejar las cosas como están, en la línea 24 de la página 28.

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