Placer de verano




Al llegar a la esquina detuvo su marcha. Con solo mirar tras el vidrio la boca se le llenó de saliva y las pupilas se le agrandaron. Aunque su fuerza de voluntad era grande sus ansias de júbilo lo eran aún más. De modo que, después de pensarlo mucho, se convenció de entrar. Cuando salió pasó su lengua repetidas veces por sobre la masa de hielo sabor frutilla. Mientras doblaba la calle, una gota rosada y espesa se resbaló por el palito de madera y chocó contra las baldosas grises. Al ver esto se apresuró a sorber el líquido que se derretía al mismo tiempo que mordisqueaba el helado por sus dos costados. Finalmente, cuando el soporte quedó totalmente limpio se deshizo de él en un tacho de basura puesto por el municipio.


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