Sueño


Tenías la impresión de mi falaz inocencia.

Yo te sonreía y creaba caos a través de mis ojos.

Todo podía ser posible. Lo llevaba en la sangre y se sentía en mi piel.

Cuánta oscuridad habrías de ignorar. Cuánto murmullo ajeno...

Y sin embargo, yo obedecía en secreto al ferviente deseo que me condenaba y liberaba al mismo tiempo. Un deseo trágico de poder y de muerte, de misterio y locura.

Una naturaleza perversa que me conectaba con el placer más profundo y con mi identidad más malvada.

Jamás supiste, estimo, que en mi interior se alojaban el poder de destruir y crearlo todo a tan sólo un pensamiento de distancia.





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